Jamás escuché a nadie decir que las decisiones importantes se tomaran con los ojos cerrados. Siendo una persona extremadamente observadora hoy declaro como la mejor decisión de mi vida la primera que tomé con ojos cerrados.

Si hubiera usado mi vista en las opciones que tenía; la universidad, mi familia, las fiestas y mis amigas hubieran ganado 100 a cero en puntuación en contra de darle a Jesús un año de mi vida, por eso la mejor manera de hacerlo fue cerrando mis ojos y preguntándole al corazón qué quería; el corazón quería crecer y yo ya sabía que eso dolía. Y es que usando sólo la vista, atraía mucho más la primera opción porque es lo que el mundo de hoy te plantea como "felicidad": lunes de Barezzito, jueves de Privé, sábado de Grill y domingo de preguntarnos por qué eso no termina de llenarnos. No estoy diciendo que todo eso de las salidas y las fiestas no es padrísimo, no... a mí me encanta, es algo que hacía muy seguido y dudo dejar de hacerlo al regresar a mi casa, pero ¿por qué no ponerle una pausa? Salir de esa rutina emprendiendo un camino a lo desconocido, dejarse llevar por una experiencia que puede llegar a marcar un antes y un después en tu vida.

Me pregunta mucha gente ¿pues qué clase de experiencia elegiste Marycruz? Despertarse a las 6 de la mañana diario, estar a cargo de 26 niñas de aproximadamente 13 años, preparar 298 actividades de la noche, dejar tus clases de baile, tu cama, tu comida, tus facilidades para usar faldas mínimo 4 dedos arriba de la rodilla 5 veces a la semana, aprender a rezar como ni en escuela legionaria te habían acostumbrado, delirar niñas gritando tu nombre, escuchar tu puerta a las tres de la mañana e intentar resolver la temperatura de una niña con una pastilla de ibuprofeno que no le hace ni cosquillas y nada más que tu compañía. Aprender a regañar, o medio aprender a regañar o entender que a través de darles amor puedes obtener respeto y poco a poco entender que es el amor el que mueve TODO.

Por eso en este año das algo de ti sin esperar un pago a cambio, porque dejaría de ser por amor en su totalidad. Es por eso que a veces te pueden llegar a pagar con una cara fea al recibir una orden que no les gusta, o no escuchan la plática que llevas tres días preparando, y es que a veces de "paga" puedes no recibir ni las gracias, pero es que es ahí donde el corazón empieza a crecer, la verdadera manera de dar amor es hacerlo desinteresadamente. Y así sin esperar nada a cambio entiendes la magnitud de Dios, cuando se le dice "dar el año" y te das cuenta que lo único que has hecho es recibir. Cuando comprendes que sin esperar nada a cambio lo tienes ya todo, cuando te das cuenta que es tal la capacidad que tienes de amar, que la semilla que empiezas a lograr sembrar en estas niñas vale mucho más que cualquier cosa material que pudieran llegar a tener, y saberse amadas por Dios es mil veces más valioso que cualquier cosa que pudieran aprender en el colegio, y que este año esa responsabilidad quede en tus manos es el mayor regalo que alguien pudiera regalarte. Es increíble cómo Dios no se queda con nada pero al mismo tiempo lo pide todo.

Es increíble cómo la verdadera vida empieza donde la zona de confort termina, donde el crecimiento implica sufrimiento y el amor deja de ser sólo un sentimiento y es también una decisión. Es impresionante cómo Dios pone los medios para que esto se lleve a cabo pero es aún más impresionante cómo el hombre los ignora, cómo el mundo de hoy pinta en la escala del bienestar que primero voy yo, después voy yo y al final voy yo. "Yo primero y todo el mundo después". Qué diferente sería este planeta si entendiéramos que la única manera de ser plenamente felices es haciendo feliz al otro y dejando al otro hacerme feliz a mí. Es aquí donde termina ese horrible ciclo de aplastar al otro para yo poder subir y comienza la cadena de jalarnos los unos a los otros para llegar bien alto, y ahí poder volar.

Hace unos días una amiga; Lourdes, que está conmigo de colaboradora, me dijo " las colaboradoras vamos a cambiar al mundo" al principio, siendo sincera, me parecería una exageración, pero ahora, al verlo claramente, no solo las colaboradoras, pero todas aquellas personas que se atreven a salir de sí para llevar amor a los demás, vamos a cambiar al mundo, ya lo estamos cambiando. Ya lo está cambiando el misionero en Filipinas, el doctor en África, lo está cambiado la niña que le regaló su muñeca favorita a quien nunca tuvo una, el señor que tuvo un mal día y a pesar de eso con una sonrisa se lo alegro al de enfrente, lo está cambiado el adolescente que durmió 10 minutos menos para rezar por Venezuela, lo está cambiando la mamá que se entrega diario por sus hijos, el papá que hace las cosas bien por darles un buen ejemplo y futuro, lo está cambiando quien dio un año, quien dio dos o quien dio toda su vida en servir al otro, lo está cambiando el padre, la monja y la consagrada. También el niño que se quedó todo el recreo en el salón explicándole a su amigo las multiplicaciones. Lo está cambiando quien no ve qué ganará con eso pero está dejando algo valioso para poder lograrlo. No se necesitan hacer cosas grandes, si se hacen de corazón ya son enormes. Es la única manera de lograr cambios. Dejar de dudar y seguirle, cerrar los ojos y abrir el corazón. Dejar de preguntarse qué me conviene más a mí para preguntarse qué le conviene más al mundo, dejar de pensar qué quiero yo para pensar qué es lo que quiere Dios, pues como dijo la Madre Teresa, "puede ser que lo que hagamos sea sólo una gota de agua en el mar, pero el mar no sería el mismo sin esa gota."

Dios nos puso un ser humano a cargo, ¿qué vamos a hacer con él? Yo decidí llevar a ese ser humano a un año de colaboradora con el Regnum Christi. Esa decisión, a pesar de que me ha costado y a veces lo sigue haciendo, pues no digo que sea lo más fácil del mundo y que no me haga la niña más feliz tener esta oportunidad, pero tampoco es todo color de rosa pues me implica voluntad, decisión, pero sobre todo, saber elegir amor antes que cualquier cosa, y no deja de ponerme retos cada día, de ayudarme a sacar la mejor versión de mí misma, aprender a dejar de quejarme y saber disfrutar, no atraparme en el pasado ni vivir pensando qué va a ser del futuro sino disfrutar lo que vivo hoy, dejar que lo que yo no puedo cambiar me cambie y me haga alguien mejor. Y lo que puedo cambiar, lo cambie usando el corazón. Esta es la mejor decisión que pude tomar, pues no sólo hace crecer al ser humano que tengo a cargo y lo hace más feliz, sino que al alma que tiene dentro le da medicina que me ha hecho la mejor amiga del doctor: Dios. Y ahora entiendo que al final del día, eso es lo que más importa.

Los colaboradores son miembros del Regnum Christi que ofrecen uno o más años de su vida para trabajar a tiempo completo sirviendo a la Iglesia a través del Movimiento.

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