A mis 23 años de edad había vivido situaciones personales que ya no me permitían seguir adelante. En esas circunstancias un padre legionario me llamó y le dije “padre, ¿qué necesita?”, y me contestó “no, ¿qué necesitas tú?”. En pocas palabras escribió en su computadora “Luis Pascual, te vas de colaborador”. Y encima el padre me dijo “no hay más que hablar ni pensar, este verano te vas y punto”.

Pasaron los días, y cada mañana camino a mi universidad me preguntaba, ¿y si me voy de colaborador? Tuve la suerte de reencontrarme con un amigo de Madrid que hoy en día es uno de mis mejores amigos, Manuel Díez Bustamante (colaborador 2014-15). Ese día me acuerdo perfectamente cuando me dijo que se iba de colaborador. Me fui a una capilla, y dije “Señor, ya no hay más que decidir ni pensar, me voy”.

Al tomar ese avión rumbo a México, Manuel y yo nos miramos y nos dijimos “que locura estamos haciendo”. Fue el comienzo de un libro que no sabía ni cómo titularlo porque no sabía qué iba a pasar con mi vida. Al día de hoy cada vez que pienso en ese momento, recuerdo que fue difícil pero creo que ha sido la mejor decisión en mi vida. La decisión de tomar un avión rumbo a una aventura que aún no ha llegado a su fin.

Llegó el momento de los destinos: “Luis Pascual, te ha tocado un lugar donde hay muchos jóvenes, jóvenes con ganas de recibir a un colaborador. Bienvenido a la Universidad Anáhuac”. Siempre digo que estoy convencido de que cada destino esta destinado para cada colaborador.

Como apostolado era un mundo, un mundo lleno de tantas cosas que no sabía ni por dónde comenzar. Tuve la suerte de contar con un director de apostolado que aparte de ser mi director fue un gran apoyo en mi vida espiritual y personal, el Dr. Bernardo Rangel (Vicerrector de Formación Integral en la Universidad Anáhuac México Norte y Laico Consagrado del Regnum Christi). Recuerdo todas las mañanas, no nos íbamos al apostolado sin haber rezado las oraciones de la mañana, sin haber hecho la meditación y sin hacer nuestro tiempo de running.

Tuve la oportunidad de participar en muchos apostolados y actividades de los programas de liderazgo. Nos tocó organizar la Peregrinación del 50 aniversario de la universidad, el primer Encuentro Nacional de Jóvenes del Regnum Christi en la ciudad de México, apoyar en la organización de las Megamisiones, actividades espirituales y así un cumulo de cosas.

En resumen, pude palpar la acción de Dios en cada uno de los alumnos. Cómo los iba transformando para el bien.

Por otro lado, algo más importante que tu vida de apostolado es tu vida espiritual y tu vida de comunidad. Viví en una comunidad de Laicos Consagrados del Regnum Christi y fueron más que una familia para mí. Recuerdo el último día con ellos, me regalaron un mural de fotos firmado por ellos y con dedicatorias. Una de ellas ponía “Gracias por haber sido partícipe y ser un miembro más de esta familia que Dios escogió para ti en este año”. En ese mimo momento mis ojos se echaron a llorar sin parar y no podía controlarme de la emoción.

Llegó el último día de trabajo en la universidad, nervioso e inquieto. Ya despidiéndome de todos, lágrima por aquí y lágrima por allá. Nunca olvidaré algo que me dijo un coordinador en esos momentos: “Tu año de colaborador empieza ahora”.

Pero el cuento no acaba aquí, y por lo que me he dado cuenta hasta hora nunca acabará. Cuando estaba volando rumbo a España miré por la ventana y pensé “tarde o temprano regresaré”, y así pasó.

Actualmente trabajo en la Anáhuac como coordinador adjunto del Programa de Liderazgo en Comunicación CREA.

Tuve la suerte de regresar al país y al lugar que no sólo cambió mi vida, sino que me regaló tanto. Estoy seguro de que mi nueva vida comienza ahora. Fue entonces cuando escribí la última frase en ese libro “ser colaborador es el mayor regalo que he tenido”.

Los colaboradores son miembros del Regnum Christi que ofrecen uno o más años de su vida para trabajar a tiempo completo sirviendo a la Iglesia a través del Movimiento.

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